DE ESTO Y LO OTRO / POR RODOLFO ROCHA GARNICA

DE LAS MANOS DE SEDA A LAS MANOS DE SANGRE

* Lastiman nuestro derecho a la vida

* No hay respuestas efectivas contra los robos

Laceran, lastiman, causan enojo, indignación e impotencia, los cotidianos asaltos a pasajeros de transporte público.

El lunes 18, cuando la mayoría de mexicanos disfrutaban del puente revolucionario, con su carga mercadológica producto del Buen Fin, un joven chofer de 28 años de edad dejó en la orfandad a dos pequeñas, porque al circular por la vía López Portillo la unidad por el conducida fue víctima de robo y el asesinado.

Los asaltantes con todo lujo de violencia y con infulas gandallísticas, porque ofenden e insultan a las víctimas con aires prepotentes, decidieron ellos – como si esa condición fuera su facultad- disparar contra el conductor y lo privaron de la vida.

Los asaltos con lujo de violencia son ya el pan diario en todas las arterias viales, al grado tal que los pasajeros deciden llevar entre sus pertenencias un aparato de telefonía celular y dinero en efectivo para, en caso de sufrir este atropello, tener algo para darle a los malandros y así no provocar el enojo de estos tipejos.

En épocas antañas, leíamos notas en los periódicos donde se daba cuenta de asaltos al transporte público, a cuyos ladrones se les bautizó con el sobrenombre de » manos de seda » , quienes utilizaban el dos de bastos ( un par de dedos ) para sutraer las pertenencias de sus víctimas.

Con el paso de los años, y ante la ineficaz operación de los órganos encargados de la seguridad pública, las manos de seda se convirtieron en manos de sangre.

Los asaltos al transporte público son un atentando contra la integridad de los seres humanos, porque se comete un delito en contra de lo más valioso, su derecho a la vida.

Pero también, estos delitos atentan contra la productividad y causan coraje, tristeza y frustración en la clase trabajadora, que se traslada a sus fuentes de empleo a través de las unidades de transporte público.

Estas manos trabajadoras, que desde hace muchos años son asaltadas, han padecido por mucho tiempo el olvido y no hay respuestas satisfactorias para mantenerlos en calma y no nerviosos, tensos y angustiados.

Se habla de estrategias, de programas rimbombantes para combatir este asunto, se hace uso de la tecnología y se han instalado en muchas unidades cámaras de video para erradicar los asaltos, pero pese a ser difundidas imágenes de los momentos donde se producen estos delitos, no se ha logrado nada.

Asimismo, la sociedad civil que poco a poco despierta, en muchas ocasiones decide hacer justicia por su propia mano y combate la violencia de los asaltantes también con violencia.

De esa forma, aparece en el imaginario colectivo el fenómeno Fuenteovejuna, historia donde un pueblo cansado de tanta injusticia y nula aplicación de la Ley, decide dar muerte al comendador, evento narrado magistralmente por uno de los más grandes escritores del Siglo de Oro Español, Félix Lope de Vega y Carpio.

El asalto al transporte público, asi como los causados contra las casas-habitación, secuestros, asesinatos, etcétera, no desaparecerán, mientras los niveles de gobierno y los aparatos del Estado no pongan manos a la obra, porque para estos la mencionada situación no parece ser prioritaria.

LO DEMÁS

Hablando del derecho a la vida, también es necesario regular efectivamente la conducción de vehículos en las carreteras.

El accidente en la autopista México-Pachuca dejo muertos y heridos. La causa, el exceso de velocidad a que era conducido un camión de pasajeros.

Parece que los mexicanos tenemos debilitada nuestra más elemental esencia, el vivir.