Por la Calidad de sus Productos: LA TALAVERA DE PUEBLA; CERÁMICA CON PRESTIGIO NACIONAL E INTERNACIONAL

POR: YAHAIRA MARTÍNEZ MEJÍA

PUEBLA, Méx.–La cerámica ha conjugado la utilidad y la belleza de los pequeños y grandes elementos que el hombre emplea en su vida diaria, además que se trata de un arte práctico que desarrolla su belleza precisamente en su utilidad. El interés que despierta hoy en día, es el conocimiento de la cerámica de Talavera, que es un reflejo de su prestigio a nivel nacional e internacional, que se apoya en la diversidad y en la calidad de sus productos.

Junto al más humilde de sus objetos, los hornos de los alfares de Talavera han cocido piezas de loza y azulejos de la más depurada técnica. Ello explica su presencia en los lugares más apartados de la geografía, en las casas pobres y ricas, en palacios y conventos, en colecciones particulares, bazares, museos. La cerámica de Talavera tiene una vigencia de exquisitez. Al paso de los siglos la decoración mostró no sólo gustos personales sino apetencias y actitudes sociales.

Formas, proporciones, decoraciones y antigüedad se fueron convirtiendo en requisitos forzosos de algo elitista, de acariciado capricho de minorías; sin embargo, la difusión de la loza, gracias a su carácter utilitario y a la frescura y espontaneidad de su decoración no sólo se extendió por todos los ámbitos, sino que, en cuanto a sus dueños, alcanzó todas las categorías sociales. Platos, platones, soperas, jarras con o sin asas, macetas, floreros, pilas de agua y lavabos.

También, en imágenes religiosas, humanas y de animales, frascos de farmacia, etcétera, es decir, todo tipo de artículos de uso cotidiano. ¿Por qué se le denomina Talavera de Puebla a la loza y al azulejo vidriado, y esmaltado que se fabrica en la ciudad de ese nombre? Seguramente que por la semejanza que su estilo decorativo guarda con el de la loza originaria de Talavera de la Reina en España.

Varios historiadores han dado su versión sin poder comprobarla documentalmente. La historia se confunde con la leyenda. La verdad es que aunque la loza poblana se decora a semejanza de la de Talavera, ello no basta para suponer que hayan sido talaveranos los primeros loceros que llegaron a Puebla. Bien pudieron ser sevillanos, pues Sevilla fue punto de emigración a las posesiones españolas de ultramar y centro productor de loza y azulejería con influencia mudéjar.

Desde luego, un notable locero, vecino de Puebla de los Ángeles en 1604, de nombre Diego Gaytán, era originario de Talavera y no dejaría de influir, con su personal estilo, en el desarrollo de la industria poblana de la loza. La industria del vidriado y del esmaltado del barro cocido, desconocida para los antiguos mexicanos, pasó de España a México en la segunda mitad del siglo xvi.

A partir de 1580 se establece en Puebla un buen número de maestros loceros que encuentran en sus cercanías los materiales necesarios para producir cerámicas de buena calidad. Convierten a la ciudad en un centro comercial que permite la venta de sus mercancías a la ciudad de México y Veracruz