Un Ensayista al Mejor Postor: LA FURIA AMLÓFOBIA, SIEMPRE HA CARACTERIZADO A ENRIQUE KRAUZE

POR: VÍCTOR MARTÍNEZ FRAGOSO
SEGUNDA PARTE

CIUDAD DE MËXICO:_ Con su Publicación, Enrique Krauze abonó mucho en hacer que el augurio irracional fuera la regla en el discurso anti- López Obrador. De ahí que sean tan frecuentes en el sector más cerril de la oposición a AMLO frases como “Nos va a convertir en Venezuela”, “El peso se va a devaluar por su culpa”, “Va a permitir que Rusia desestabilice la región”, “nos va a convertir en dictadura”, “con AMLO, México perderá aňos irrecuperables”.

La furia Amlófoba, casi siempre se centra en especular sobre qué es lo que AMLO “va a hacer”, sin haberse mejor preocupado por documentarse mínimamente sobre lo que AMLO realmente sí ha hecho. De ahí que nunca atinen nada en sus lastimosas profecías.
El éxito del “Mesías tropical” radicó en que fue un liberlo errático pero con fachada ensayística, por lo que aparentaba “profesionalismo” y “equilibrio”.

En un ámbito como la amlofobia, donde personajes como Ricardo Alemán o Pedro Ferriz, con sus burdas agresiones e injurias cínicas, difícilmente pueden ser tomados como referentes serios, ni siquiera por los escépticos ante AMLO. Así pues, Krauze se convirtió en una fuente fundamental de la reacción irracional contra el tabasqueňo, al proveerles insumos ideológicos y un modo de “analizar” a AMLO.

Hoy, incansable en esa labor inconsciente de dotar de un modus operandi a la reacción, parece mostrar el camino que ésta seguirá de ahora en adelante de cara al mandato de López Obrador, y que es la evasión argumentativa y algo muy deshonesto: la proyección de víctima. En relación a ello, van algunos ejemplos de cómo Krauze, cuando se le exhibe o acorrala en un debate o circunstancia, prefiere la salida tangencial.

También, la anulación de su interlocutor mediante el achacarle una característica intolerable. En 2006, luego de la publicación de su invectiva racista del “Mesías tropical”, el eminente investigador Víctor Manuel Toledo, en un bien documentado artículo (“Todos somos mesías tropicales”, publicado el 15 de diciembre de 2006 en La Jornada), respondió a Krauze que su texto era discriminador y anquilosado en teorías elitistas del siglo XIX.

De manera determinista atribuía rasgos políticos -y por ende históricamente construidos- a un sector de la población sólo por su origen geográfico. Krauze se quejó con hipocresía que Toledo, quien “caricaturizó” su ensayo y tuvo la temeraria sevicia de sugerir con un sarcasmo que Toledo era “antisemita” (en este caso, imputó esa grave acusación… porque Toledo cometió el “pecado” de escribir en su artículo el nombre completo de Krauze).

Fue en la recta final de 1997, cuando salió a la luz el libro de López Gallo Las grandes mentiras de Krauze. Antes, el autor de la obra ya había adelantado su crítica al fundador de Clío en un artículo publicado en Excélsior, donde denunciaba sus mentiras interesadas. La respuesta que dio Krauze fue lamentable: acusó que quizá “Ese Gallo quiere maíz” y se quejó de que López Gallo “carecía de sustancia crítica”, y sin lograr desmentirle nada, cometió la vileza de inventarle palabras en su boca.

Meses después, Krauze, el presunto paladín de la libertad, hizo todo lo posible por censurar el libro de López Gallo y obstaculizar su venta. En 2007, el reportero Álvaro Delgado hizo una entrevista a Krauze en donde aquél cuestionó su panfleto del Mesías Tropical. Le señaló cuánto dinero se empleó por parte de empresarios y “Membretes Fantasma de manera ilegal para difundirlo.

Asimismo, Delgado hizo preguntas a Krauze sobre asuntos relacionados con la dicotomía derechas-izquierda. Delgado preguntó siempre con respeto y mesura, a pesar de sus hallazgos que dejaban mal parado a Krauze. Parte de la respuesta de éste fue la cantaleta repetida: acusó a Delgado de “inquisidor” y otra vez le insinuó un “antisemitismo” interpósito.

Una bajeza más de Krauze, dado que Delgado es conocido por sus denuncias públicas contra el fanatismo de la ultraderecha antisemita mexicana (lo que le ha valido incluso amenazas), y su gran “pecado” se limitó a preguntarle a Krauze, sin mala fe alguna, que quién era el asesor de Fox que hacía comentarios antisemitas en Los Pinos.
En 2007, Arnaldo Córdova denunció (en un artículo en La Jornada del 5 de agosto) los métodos vergonzosos con los que Krauze y sus huestes “debaten”.

Principalmente, en los grandes medios y foros: invitar a interlocutores de idearios diferentes para, entre varios, tergiversar sus palabras y luego no darles derecho de réplica. Así lo hizo el grupo de Krauze en 1991, ante el propio Córdova y otro de los más grandes intelectuales mexicanos: el filósofo Adolfo Sánchez Vázquez, nacido en España.
La respuesta de Krauze fue, como siempre, la plañidera y el chantaje emocional.

En privado, Krauze le envió a Córdova una nota en memoria de su esposa fallecida, con la presunta intención de hacerlo ver como malagradecido (no sin antes acusarlo en tono sarcástico en un artículo de ser un “alma pura”). En 2008, durante la coyuntura de la reforma energética propuesta por Calderón, Krauze insultó de manera vergonzosa a varios diputados que exigían de manera fuerte pero legítima que esa modificación constitucional se debatiera con amplitud y profundidad.

Y no sólo en un lapso de tres semanas, como se pretendía. Un demócrata cualquiera habría secundado esa postura, pues el debate ante una reforma de ese calado era necesario e ilustrador. Pero el agresor Krauze los llamó “medida de la miseria humana” por atreverse a exigir ese debate y hacer pública su simpatía por AMLO, quien defendía la misma causa.

Los caricaturistas Hernández y Helguera hicieron un magnífico cartón de Krauze en Proceso para criticar, con buenos argumentos, su elitismo y falta de espíritu democrático. La respuesta del ideólogo de Televisa fue de antología: acusó sin bases a Hernández de “infamarlo” y, tácitamente, de dibujarlo muy feo. Krauze no defendió sus ideas, sino que lloró en público por su ego herido.