La Ciudad fue Fundada en 1561: TEQUISQUIAPAN, UN PARAISO CON DIVERSIÓN, CLIMA Y GASTRONOMÍA

POR: YAHAIRA MARTÍNEZ MEJÍA

TEQUISQUIAPAN, Qro.–Un lugar que se caracteriza por la hospitalidad de su gente, la tranquilidad en sus calles y cuenta con uno de los climas más agradables en el país, con temperaturas promedio de 17 grados durante el año. Un municipio ubicado en el sureste del estado de Querétaro, que colinda con el estado de Hidalgo, en donde la diversión no tiene límites ni horario para concluir

La población de Tequisquiapan fue fundada en el año de 1551, mediante Cedulas Reales de Carlos V y firmadas por el virrey de la Nueva España. D. Luis de Velasco. En 1656, por petición de Juan Pérez Salmerón, se dio a la población el nombre de Tequisquiapan, formado por dos voces del Náhuatl que significa “Lugar de Aguas de Tequexquite”, o “Lugar de aguas que limpian”.

El municipio alberga alrededor de 50 mil habitantes y tiene 17 comunidades que se dedican a la industria artesanal, ganadería, agricultura, viticultura, minería, turismo y comercio, entre las principales actividades. Entre las principales actividades se realiza la “Feria del Queso y del Vino”, la “Feria del Toro de Lidia” y las Fiestas Patronales de la “Virgen de la Asunción”.

Entre los lugares de esparcimiento se encuentra el parque recreativo “La Pila”, el santuario de aves migratorias y el parque “La Palapa”, así como la parroquia Santa María de la Asunción, la Estación Bernal, las presas Centenario y Paso de Tablas, el Rio San Juan y Salitrillo, entre otros espacios que enmarcan a Tequisquiapan.

Un lugar preferido para pasar un fin de semana relajado, contando con una reservación en el hotel “Las Cavas”. La diversión inició a las orillas del rio, mientras se esconde el sol y sus últimos rayos que iluminan la fronda de los sabinos que reflejan en el agua. Después, aprovechamos para dar una vuelta por el Mercado de Artesanías, en la calle Carrizal.
Entre las artesanías sobresalen los trabajos de mimbre y cestería entre una gran cantidad de chácharas venidas de todo el país. Junto al mercado hay unos arcos, ahí se encuentra la librería Rulfo, que llama la atención por que presenta el surtido más completo en un lugar turístico. Para finalizar el día, nos invitan a la tertulia literaria en los altos del local.

El sábado nos levantamos tarde y desayunamos en el hotel, para iniciar el plan matutino nada mas alberca, solecito y camastro. Luego a bañarse y a vestirse, porque vamos a 20 kilómetros de Tequis, donde dan visitas guiadas en las que uno aprende los procesos de la elaboración del vino. Pasando Ezequiel Montes, a mano derecha está la sede de Cavas Freixinet.

Esta empresa familiar que se ha dado a la noble tarea de fomentar la cultura del vino, abriendo sus puertas a quien quiera degustar, comprar o sencillamente curiosear en sus cavas, a 25 metros bajo tierra. El tour de las 14 horas, como todos, empieza con la exhibición de un video en la que ve una colección de brindis champañeros de película, empezando con Bogart en Casablanca.

La especialidad de la casa son los espumosos, que se hicieron en cierta región de Francia se podrían llamar champañas. La visita sigue con la explicación del método champenoise en medio de las prensas y los tanques de fermentación. Luego nos llevan a las cavas donde el tiempo, la ubicación geográfica, la humedad, el silencio y una mano santa se encarga del resto.

El proceso concluye en donde se plantan corchos y etiquetas, con una invitación a las actividades programadas para el resto del año que abarcan gastronomía, exposiciones, conciertos y la vendimia de agosto, en donde se tiene la oportunidad de prensar la uva con los pies, aunque solo para mantener la tradición porque ese método ya no se usa.

La Plaza “Miguel Hidalgo” región consentida de los pasantes domingueros y, por lo tanto, bien prevista de restaurantes y tienditas por donde deambulan tribus familiares en shorts y cuadrillas de adolescentes liberados que dejaron a los papás en el hotel o en casa de los cuates.

En el templo de Santa María de la Asunción, hermoso edificio de fachada neoclásica y una singular torre, en la parte superior hay un reloj que data de 1897, Ahí, compramos unas galletas de nata a las monjitas. En un lugar que se llama de antaño, probamos unos sabrosos y exóticos azucarillos, confites y deshidratados selectos, como ajonjolí garapiñado y mermelada de Jamaica.

Al oriente de la plaza está “El Kiosko”, que es donde la gente del pueblo se reúne por las tardes a tomar un buen café, acompañado de un ambiente bohemio y música en vivo, que va del rock and roll al jazz, todo enmarcado por una decoración decididamente instalada en la bestlemanía de filación lenonista.