Una Fortuna de la Corrupción: EL DISPENDIO Y LAS JOYAS, DE CARLOS ROMERO DESCHAMPS

POR: VÍCTOR MARTÍNEZ FRAGOSO

CIUDAD DE MÉXICO.- Carlos Antonio Romero Deschamps, líder del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, es dueño de una fortuna considerable que ha amasado a través de los años. Desde 1993, cuando llegó a la dirigencia sindical, el cinco veces legislador del Partido Revolucionario Institucional empezó a acumular dinero, bienes y a llevar una vida llena de lujos y dispendios.

Amparado en la secrecía, el todavía líder sindical no rinde cuentas a nadie, y las propiedades que posee en México no están a su nombre. Generoso con sus hijos, Romero Deschamps les da la vida que él no pudo llevar de joven. Así, a su hija Paulina le ha costeado viajes al extranjero en jet privado y vestuario de diseñadores; a Alejandro, le encomendó la administración de sus propiedades.

Al mayor, José Carlos, le creó dos empresas de bienes raíces y le compró dos departamentos de lujo en una exclusiva zona de Miami, mismos que le costaron Siete millones 550 mil dólares. José Carlos Romero Durán, para movilizarse en aquella ciudad de Estados Unidos, lo hace a bordo de un imponente Enzo Ferrari que le regaló su padre. Y de un Lamborghini Aventador LP 700-4, además de un Porsche Carrera 911.

Este automóvil –el Enzo Ferrari rojo–, es el vehículo en que se mueve a sus anchas, por todo Miami, el hijo de Romero Deschamps. A su paso, todos quedan maravillados por el rugido del potente motor, por los destellos de su reluciente pintura roja y por su finísima línea aerodinámica semejante a un coche de Fórmula 1. Para José Carlos Romero Durán es imposible pasar desapercibido en este auto exótico.

Prueba de ello, es que su vehículo ha sido retratado en múltiples ocasiones y las fotos han sido subidas a blogs apertu-especializados en autos exóticos y redes sociales. Llama la atención que la mayoría de los comentarios que dejan los internautas versan sobre lo afortunado que debe ser el dueño del vehículo, así como de la persona que tomó la fotografía, pues “no se ve todos los días a un automóvil como éste”.

Así, se observa en las imágenes cómo muchas personas se detienen a admirar el auto estacionado y tomarle fotos, ya sea en Ocean Drive, la zona de Flamingo Lummus, en el Art Deco Historic District o en South Pointe Park, todas en Miami, Florida. Un par de fotografías más fueron tomadas en el estacionamiento del exclusivo edificio del 5959 de Collins Avenue, en South Beach, donde José Carlos Romero Durán tiene sus dos departamentos.

Hay otras fotos del Enzo Ferrari, donde se aprecia a José Carlos Romero al volante, como la serie que fue tomada el 25 de julio de 2010 en una avenida de Miami, donde el primogénito del líder sindical viste una camisa amarilla. Algunos peatones posan junto al flamante auto de colección y hacen caras graciosas, como burlándose del letrero que el dueño pone en ocasiones: “Por favor no toque el carro”.

Es el Enzo Ferrari que Carlos Romero Deschamps le regaló a su hijo mayor, mismo que es la envidia en Miami. Este automóvil es la joya de la marca italiana Lamborghini. El Aventador LP700-4 fue fabricado en 2011 y solo se hicieron 4 mil unidades, las cuales fueron vendidas con un año de antelación, por la expectativa generada. Su valor es de unos 508 mil dólares (6 millones 241 mil 237 pesos).

El súper deportivo es biplaza, de dos puertas con apertura de tijera –como el Enzo Ferrari–, cuenta con un motor de 12 cilindros, 700 caballos de fuerza, su velocidad máxima es de 350 kilómetros por hora y alcanza los 100 kms/h en 2.9 segundos, lo que lo convierte en uno de los más rápidos del mundo. Su chasis es de fibra de carbono y la suspensión de aluminio es la misma que utilizan los autos de Fórmula 1.

El Enzo Ferrari que maneja José Carlos Romero no es cualquier cosa. Se trata de un automóvil que fabricó la famosa firma italiana entre 2002 y 2004, y sólo se elaboraron 399 unidades. El número 400, la casa Ferrari se lo regaló al papa Juan Pablo II, quien lo cedió para que fuera subastado y donar las ganancias a las víctimas de un tsunami en países asiáticos en 2004.

No cualquiera puede poseer esta maravilla del automovilismo. Se requiere poseer, por lo menos, dos autos Ferrari, comprobar solvencia económica, que el país donde esté el auto cuente con una agencia automotriz de la marca ítala, pasar una sofisticada prueba de manejo y pagar el costo de la unidad, que tuvo un precio de salida de 700 mil euros, y que ahora alcanza hasta dos millones de dólares.